¡¡¡LOS MEJORES DEL MUNDO!!!

¡¡¡LOS MEJORES DEL MUNDO!!!
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Argentina jugó un gran partido ante Francia, que con poco lo pudo empatar tres veces y estiró la definición a los penales. El Dibu se hizo grande, Montiel lo definió y el ‘10’ levantó la copa más deseada en Qatar 2022.

La historia dirá que Argentina tuvo a los dos mejores jugadores del mundo. Que los dos fueron zurdos, que los dos eran petisos. Que los dos eran líderes, a su manera y en distintas épocas, que a los dos les tocó lidiar por años con las críticas. También dirá que fueron amados por millones y dirá que ambos fueron campeones del mundo.

Lionel Messi estaba destinado a cumplir su sueño más grande. Siempre quiso jugar para Argentina, lo buscó una y otra vez. Se cayó, se levantó, renunció y volvió. Ganó la Copa América y la Finalissma, pero había un capítulo más. El de oro. El capitán llegó a Qatar para romper todos los récords, para ser el líder de un equipo que jugó un gran Mundial y para levantar la Copa. Para mostrársela a Diego Maradona, que desde hace dos años no está en este mundo, pero que seguramente ayer gritó junto a cada argentino. Un grito que se hizo esperar 36 años.

El fútbol está a mano con Lionel Messi. Durante años deslumbró, fue el mejor y estuvo en los mejores equipos. El destino tenía todo preparado, como si fuese una película. El 10 intentó, una vez más, y festejó como nunca en su vida. La historia de Lionel Messi dirá que él, al igual que su ídolo, fueron campeones del mundo.

Como era de esperarse en la previa, Argentina tomó el mando y Francia delegó la responsabilidad en los de Scaloni. Los europeos se sienten más cómodos esperando la contra y la Albiceleste sabe acomodarse tanto cuando le toca se protagonista como cuando le toca esperar un poco.

Francia demostró, a lo largo de la Copa del Mundo, que era un rival de temer, pero que en la defensa, sobre todo en los laterales, tenía falencias. Que le costaba y lo incomodaba salir cuando el rival lo presionaba cerca de su arco. A eso apostó Argentina, a alguna marca de Julián Álvarez, Di María o De Paul para quitar y quedar de frente al arco.

El plan funcionó. Argentina empezó a buscar por los costados. Di María, como abanderado, encaró cada vez que pudo. El 11 se escapó, Dembelé lo tocó en el área y el polaco Szymon Marciniak cobró penal.

Para escribir una página más de su extensa y rica historia estaba Lionel Messi. La pelota para un lado, Lloris para el otro. Argentina al frente 1-0. Justo, aunque a veces al fútbol eso le importa poco.

Los de Scaloni siguieron con el mismo ritmo. Todos concentrados. A Molina y De Paul les tocó hacer el trabajo sucio: marcar el tándem Mbappé-Hernández por la derecha. Pero ambos fueron también importantes a la hora de armar juego.

Si había una manera de dejar en claro cómo juega cada uno y en qué momento estaba cada uno, Argentina lo ratificó. Una secuencia extraordinaria de toques desde la defensa al ataque terminó con Di María de frente al arco. El hombre que no había tenido minutos en las semis y que había sido guardado para la final apareció en el momento indicado.

El Fideo, el mismo del gol a Brasil en el Maracaná para ganar la Copa América y a Italia en la Finalissima, llegó con tiempo de sobra, lo vio salir desesperado a Lloris y se la tocó por encima para un merecido 2-0.

El golpe fue muy duro para Francia. Didier Deschamps metió dos cambios, porque lo que pensó en la pizarra previa no le salió. Seguramente imaginó a una Argentina lanzada en ataque y a su Francia, como en todo el torneo, replegada y agazapada para la contra. Pero la Scaloneta no frenó, cuando pudo pisó el acelerador y los europeos se vieron desbordados.

Como en todo partido, también hay un momento para aguantar. Porque por más superior que un equipo pueda ser a otro existe también una parte emotiva. Una reacción por una cuestión de orgullo más que futbolística y, del otro lado, una tendencia a replegarse inconscientemente.

Pero Francia no encontró la manera. Tuvo más la pelota, aunque lejos del arco del Dibu Martínez. Argentina jugó con la desesperación del rival y con el reloj. No sacó el pie del acelerador, pero empezó a elegir cuándo ponerle una marcha más al partido. El desgaste físico en el primer tiempo (de ambos) fue muy grande.

La hinchada entendió que era su momento y Scaloni mandó a la cancha al Huevo Acuña, para darle aire al sector izquierdo. Fideo Di María salió y recibió la mejor ovación de su vida.

Argentina tocó, tuvo a un Alexis Mac Allister inspirado y a un Messi estratega. A un Enzo Fernández recuperando y a Molina y Tagliafico atentos en todo momento.

Dos mazazos

Pero todo lo bueno que había que construido Argentina se derrumbó. Primero porque Otamendi cometió penal y Mbappé lo cambió por gol y después porque apenas un minuto más tarde, el mismo Mbappé fusiló al Dibu Martínez para el inmerecido 2-2. El fútbol no entiende de merecimientos, sino de goles.

La Albiceleste fue más a lo largo del partido, estuvo cerca del 3-0, pero Francia es letal de contra y tiene a un Mbappé como gran arma. El delantero del PSG le pegó dos veces al arco y gritó dos veces. Así de efectiva es esta Francia de Deschamps.

La selección recuperó la memoria y el fútbol en el primer tiempo suplementario. Scaloni movió las fichas. Sacó a De Paul y Julián Álvarez, cansados los dos por el gran despliegue físico que hicieron a lo largo de los 90 minutos. Leandro Paredes entró de ‘5’ y Enzo Fernández se movió a la derecha. Argentina empezó a tocar de nuevo, a buscar los huecos y así, otra vez, llevó a Francia contra su arco.

Messi, ya visiblemente cansado, tenía un cartucho más en su último partido. El 10 aprovechó un rebote tras un remate de Lautaro Martínez para poner el 3-2 con suspenso, porque hubo que esperar a la revisión del VAR para saber si el Toro estaba o no habilitado. Estallido en Lusail.

Otra vez con nada y en el mejor momento de Argentina, Francia llegó al empate. Montiel la tocó con la mano en el área y el árbitro cobró penal. Mbappé no cambió de lado y el Dibu Martínez sí, por eso Les Blues llegaron al empate 3-3.

Sobre el final pudo ser de cualquiera. Lo tuvo la selección con un par de centros cruzados y el Dibu Martínez se hizo gigante ante Kolo Muani para sacar lo que era victoria de los europeos.

Todo empezó en el mismo escenario y así tenía que terminar: con la selección sufriendo. Otra vez los penes, otra vez el Dibu Martínez. El arquero le tapó un remate a Coman y Tchouaméni lo tiró afuera. Los de Argentina, todos adentro. Montiel tuvo su revancha, convirtió el último y desató el grito contenido por 36 años.

Argentina empezó mal, demostró siempre que tenía con qué. Evolucionó a lo largo del torneo, mejoró y también supo sufrir. Se repuso a varios golpes y se consagró campeón del mundo. El fútbol está a mano con Messi, que le dio todo y vivirá de ahora en más sus horas más felices. 

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