Misioneros en Israel: “Todos queremos la paz, tanto para Gaza como para Israel”

Misioneros en Israel: “Todos queremos la paz, tanto para Gaza como para Israel”

Guillermo y Johana Procupez son padre e hija y oriundos de Bernardo de Irigoyen. Viven en Israel, donde reina el terror por el grupo terrorista Hamas.

Guillermo Procupez nació en Córdoba pero más de 30 años de su vida vivió en el municipio de Bernardo de Irigoyen -el más oriental de Argentina y frontera seca con Brasil- donde vio nacer y crecer a su descendencia. Desde hace un par de años, al igual que una de sus hijas, Johana, está radicado en Eilat, Israel, una ciudad distante a poco más de 300 kilómetros al sur de Jerusalén que es fronteriza con Jordania y Egipto.

“Situada a pies del mar Rojo, gracias a sus playas y su ambiente veraniego se ha convertido en uno de los lugares preferidos para el turismo. Es, además, un paraíso para los amantes de los deportes acuáticos, hallándose uno de los arrecifes de coral más grandes del planeta”, exponen publicaciones referenciales a las bondades de ese punto del mundo, aunque en este momento esas cualidades pasan a un segundo plano por el contexto de guerra con bombardeos, asesinatos, torturas y secuestros de civiles como parte del sanguinario ataque lanzado hace algunos días por el grupo militante islamista Hamas en Israel y la consecuente repuesta del ejército israelí en Gaza.

Muestran decenas de videos compartidos en redes sociales por los propios extremistas, que los soldados israelíes en los puestos fronterizos parecían haber sido tomados por sorpresa por el asalto que se concretó a instancias de la utilización de drones de combate, granadas propulsadas por cohetes, misiles guiados anti tanques y múltiples armas de grueso calibre. Con mucha violencia, luego de doblegar el denominado “muro de hierro” que separa Gaza de Israel, Hamas tomó las bases militares, destruyó tanques y se apropió de vehículos con los que avanzó hacia las comunidades cercanas tomando cautivas y fusilando a cientos de personas. 

Grafican los medios internacionales que en medio de ese escenario dantesco familias enteras fueron asesinadas por los terroristas y otras tantas tomadas como rehénes. Sembrando horror y miedo en todo el territorio. “Por ser una ciudad un poco alejada del epicentro de los ataques no hemos tenido inconvenientes directos relacionados con la violencia de los terroristas ni con los cohetes que lanzaron”, expuso Guillermo, aliviado, en diálogo con El Territorio, y aunque el terror se desató a menos de 300 kilómetros de donde están, manifestó que “gracias a Dios estamos bastante protegidos detrás del desierto y con las fronteras de Egipto y Jordania cerradas por razones de seguridad”.

Su hija, en tanto, contó que los ataques “fueron a pocos kilómetros de Eilat”, y que desde el momento en que supo de la crueldad que padecieron miles de israelíes “sentí angustia en mi corazón, tristeza, es como si hubiesen matado a mis familiares”.

Continuar como sea

“Por el momento tratamos de continuar con nuestras vidas cotidianas”, explicó Guillermo, pero advirtió que todos los habitantes de aquel país “tenemos incorporada la información sobre qué debemos hacer en caso de que suenen las sirenas de alerta por bombardeos emitida por las fuerzas de defensa, es decir, meternos con urgencia en los refugios”. Si bien ninguno de los dos tuvo que hacerlo hasta el momento, explicaron que los búnkeres o habitaciones reforzadas que tienen los hogares de Israel se han vuelto el espacio idóneo para mantenerse a salvo de los ataques. “Está a mano un equipo con elementos personales para subsistir hasta que pase el peligro”, detalló el entrevistado, quien manifestó sentirse misionero y amar la provincia “que me dio los mejores regalos, mis tres hijos”. 

Pero claro, que el ataque de Hamas no haya sido en Eilat no significa que sus habitantes no se vieran afectados, más aún después de tomar contacto con la masacre a través de información oficial directa y de primera mano, además de la que recorre el mundo en distintos formatos. “Nos golpeó fuerte. No hay palabras para calificar lo que hicieron estas bestias, masacrando a los bebés y a tantas mujeres”, lamentó el hombre, y prosiguió contando que “han tomado (Hamas) posesión de varias ciudades de Israel y en algunas no dejaron personas con vida, las han fusilado directamente”.

Johana coincidió que “fue un ataque diabólico”, y contó que estuvo “tres días encerrada en mi casa después de que llegara un mensaje del Estado diciendo que no debíamos abrir las puertas. No sabíamos si había terroristas por todo Israel porque la información no era precisa pero el miedo que sentí no te puedo explicar. Miraba las ventanas y pensaba cómo escapar si entraban, buscaba dónde esconderme en caso de que pasara porque estaban rompiendo puertas y quemando casas, mataban al que se cruzaba”. 

“Todo lo que puede ver el mundo lo vimos nosotros también, estando acá y en razón de eso tratamos de que no nos afecte psicológicamente fortaleciéndonos espiritualmente, pero es difícil”, admitió Guillermo. En esa línea blanqueó el deseo de “que se termine la violencia” y enfatizó: “pedimos paz, tanto para la gente de Gaza como para Israel”, valorando “el apoyo de todas partes del mundo desde donde nos transmiten preocupación, cariño y mandan mucho amor, que es lo que se necesita para superar este conflicto que lleva muchos años”.

La joven, por su parte, valoró la solidaridad de los israelíes con las familias afectadas en el norte y centro del país que “tuvieron pocos minutos para abandonar sus casas en medio de los bombardeos y salieron con lo puesto”. Reseñó que mientras los damnificados iban llegando a Eilat en “busca de atención y refugio” muchas personas comenzaron “a juntar ropa, comida y juguetes para los niños. Eso genera esperanzas”.  

En medio de los ataques terroristas y la respuesta israelí aparecen las primeras consecuencias, y tienen que ver, por ejemplo, con la falta de productos de primera necesidad. “Estuve en el supermercado y no había pollo, faltaban enlatados y agua mineral, por mencionar algunos productos de consumo diario”, apuntó el argentino, aunque su hija acotó que todos los días se envían grandes cantidades de esos suministros a los soldados que están a cargo de la réplica en la Franja de Gaza y también otra parte es entregada a los refugiados. 

“Nos vamos a quedar”

Sobre el futuro inmediato padre e hija hicieron pública la decisión de continuar en Israel. “Sabemos que el gobierno argentino a través de la Embajada está repatriando a quienes deciden regresar al país pero nosotros nos vamos a quedar”, aseguró Guillermo. Johana acompañó los dichos de su padre acotando que “en lo profundo de mi corazón siento que no es momento de volver, que todavía me queda algo por cumplir acá”.

“Seguimos confiando en la seguridad de este país, seguimos confiando en Dios. No hay ninguna célula terrorista dentro de la parte de Israel que no se haya combatido y estamos esperando confiados en que podamos finalmente continuar viviendo en paz”, puntualizó Guillermo, quien trabaja en el aeropuerto internacional de Eilat -considerado el segundo de mayor importancia detrás de Ben Gurión en Tel Aviv- en tanto que su hija lo hace en un ice mall (shopping).

“Esperemos que pase pronto. Israel es un país hermoso y es terrible lo que está sucediendo. Mi deseo es que no haya guerra, que vivamos en paz. La fe nos motiva. Es el motor que me lleva a querer continuar y el combustible que necesito además del amor de mi familia, de mis seres queridos y de la gente que está acá”, puntualizó la joven. 

Residencia en Israel

Guillermo recordó que su primer ingreso a Israel fue a finales del año 2012 a través de un programa del gobierno de ese país que otorga beneficios para personas que tengan padres o madres judías. “Es un proceso gratuito a través del cual el Estado de Israel se hace cargo del traslado y de algunos beneficios, como por ejemplo acceder a clases gratis de hebreo”, explicó.

Se quedó hasta fines de 2014 amparado en ese programa “pero tuve que regresar a la Argentina por cuestiones personales”, hasta que “hace poco más de un año y medio estoy de nuevo en Israel, tuve la posibilidad de regresar por mis propios medios”. Dos meses antes de que regresara había llegado su hija “bajo el mismo programa con el que vine inicialmente”.

“Yo llegué hace un año y medio. Estaba en ese encuentro de raíces, de formar un poco mi identidad, de saber quién soy, de dónde vengo y hacia dónde voy”, contó Johana, añadiendo que “me enamoré de este país, amé esta tierra desde que la pisé”, y subrayó “la seguridad, la solidaridad y el respeto”, que -dijo- se acentúa aún más con las mujeres. “Me siento privilegiada y honrada por estar pisando Tierra Santa”, sentimiento que también abraza su padre.

Fuente: El Territorio

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